Cuando hablamos con una empresa sobre financiación pública, hay una pregunta que aparece con mucha frecuencia: “¿Qué oportunidades hay para mi empresa?”
Es una pregunta lógica, pero quizá no sea la primera que deberíamos hacernos.
La financiación pública puede ser una herramienta muy interesante para impulsar el crecimiento y los proyectos de una empresa, pero aprovecharla requiere algo más que identificar posibles oportunidades. Requiere estrategia, anticipación pero, sobre todo, tener claro qué queremos conseguir.
Por eso, antes de preguntarnos qué ayudas existen, merece la pena mirar hacia nuestra propia entidad y plantearnos algunas cuestiones
1. ¿Tengo claro hacia dónde va mi entidad y qué necesito para llegar hasta allí?
La financiación pública funciona mucho mejor cuando parte de una planificación previa.
¿Qué queremos conseguir durante los próximos meses? ¿Hay inversiones previstas? ¿Queremos incorporar personal, digitalizar procesos o desarrollar nuevos productos o servicios?
No es necesario disponer de un plan cerrado para los próximos años, pero sí conocer nuestras prioridades y necesidades.
Y aquí también importa mirar hacia atrás. Saber qué hemos hecho recientemente, qué inversiones hemos ejecutado o qué proyectos ya hemos iniciado es relevante a la hora de valorar determinadas oportunidades.
¿Por qué? Porque en financiación pública el momento importa.
Una actuación que hoy podría tener encaje en una oportunidad puede dejar de ser financiable si ya se ha ejecutado o si el gasto se ha realizado fuera del periodo admitido. Del mismo modo, una inversión prevista para dentro de unos meses puede permitirnos anticiparnos y valorar con tiempo posibles alternativas de financiación.
Es importante conocer nuestra hoja de ruta para estar mejor preparados cuando aparezca una oportunidad.
2. ¿Esta oportunidad encaja realmente conmigo?
Que una ayuda hable de nuestro sector no significa necesariamente que nuestra empresa o nuestro proyecto tengan encaje.
Hay que profundizar un poco más: ¿podemos ser beneficiarios?, ¿la actuación que queremos realizar encaja con los objetivos de la oportunidad?, ¿los plazos son compatibles con nuestra planificación?, ¿qué porcentaje del proyecto se financia?…
Y después de comprobar todo esto todavía queda una pregunta importante: aunque pueda presentarme, ¿me interesa hacerlo?
No todas las convocatorias adecuadas sobre el papel tienen por qué convertirse en una solicitud. No se trata únicamente de buscar oportunidades, sino de seleccionar aquellas que realmente merecen la pena para nuestra empresa.
3. ¿Sé qué implica acceder a financiación pública?
Cuando pensamos en financiación pública, es habitual que lo primera sea pensar en los beneficios. No obstante, hay otro punto que también debemos plantearnos: ¿qué implica acceder a esa financiación?
A partir de la concesión comienza una nueva etapa que también debemos planificar. Será el momento de materializar la inversión o desarrollar el proyecto en las condiciones previstas, realizar un adecuado seguimiento de su ejecución y cumplir con los compromisos asociados a la financiación obtenida.
Cada instrumento tiene sus propias características y no se trata únicamente de preguntarnos “¿cuánto puedo obtener?”, sino también “¿qué supone para mi empresa obtenerlo?”.
Por eso, antes de tomar una decisión, debemos entender bien las condiciones de la oportunidad que tenemos delante y valorar cómo encajan con nuestra realidad empresarial.
Conocer ambas dimensiones desde el principio permite incorporar la financiación a nuestra planificación de una forma mucho más consciente y, sobre todo, aprovecharla correctamente una vez obtenida.
Antes de buscar financiación, conviene mirar hacia dentro
En definitiva, aprovechar la financiación pública no consiste únicamente en conocer qué oportunidades existen, sino en saber cuáles encajan con nuestra empresa, nuestros objetivos y nuestra planificación.
Tener claras nuestras necesidades nos permite anticiparnos. Analizar las oportunidades nos ayuda a seleccionar aquellas que realmente tienen sentido. Y conocer sus condiciones nos permite valorar qué supone asumirlas.
La financiación pública no debería marcar el rumbo de una entidad. Puede ayudar a recorrerlo.
Por eso, antes de preguntarnos qué ayudas existen, quizá la primera pregunta debería ser otra:
¿Qué queremos conseguir y qué necesitamos para hacerlo posible?