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“No sabía que existía esa ayuda.” 

Es probablemente una de las frases que más escuchamos en nuestro día a día trabajando con empresas. Y lo curioso es que, en muchas ocasiones, no hablamos de negocios que estén parados o que no tengan proyectos. Hablamos de empresas que están creciendo, invirtiendo, contratando, digitalizándose o buscando nuevas oportunidades de negocio. 

El problema es que muchas de ellas descubren las posibilidades de financiación pública cuando ya es demasiado tarde. 

Desde nuestra visión en desarrollo y dinamización de negocios en ALDA, tenemos la oportunidad de estar en contacto directo con empresas de diferentes sectores y conocer de primera mano sus necesidades, sus proyectos y también sus dudas. Y si hay algo que hemos podido comprobar es que la financiación pública sigue siendo una gran desconocida para muchas empresas. 

 

“Las subvenciones son complicadas” 

Lo son. Una convocatoria puede implicar requisitos específicos, plazos, documentación, criterios de valoración, gastos elegibles, obligaciones posteriores y una justificación que debe realizarse correctamente. 

Para una empresa cuyo día a día consiste en vender, producir, gestionar equipos y atender a sus clientes, dedicar tiempo a interpretar toda esa información no siempre resulta sencillo. 

Pero aquí está la clave: una empresa no tiene por qué convertirse en experta en financiación pública para poder aprovecharla. Ahí es donde entra el asesoramiento especializado.  

El trabajo no consiste simplemente en encontrar una subvención y presentar una solicitud. Primero hay que conocer la empresa, entender qué quiere hacer, analizar si existe una oportunidad real y comprobar si las condiciones de la convocatoria encajan con su proyecto. Y, si no encaja, también hay que saber decirlo. Porque conseguir una ayuda no debería ser el objetivo. El objetivo es conseguir financiación para proyectos que la empresa realmente necesita y puede ejecutar correctamente. 

 

“¿Y si después tengo que devolverla?” 

Esta es otra de las preocupaciones más habituales. Y es perfectamente comprensible. Una empresa quiere saber qué compromisos está asumiendo antes de aceptar financiación pública. 

Por eso, el acompañamiento no debería terminar cuando se presenta una solicitud. Hay que conocer las condiciones desde el principio: qué se puede financiar, qué obligaciones adquiere la empresa, qué plazos debe cumplir y cómo tendrá que justificar posteriormente el proyecto. 

El riesgo no está en solicitar una subvención. El verdadero riesgo está en hacerlo sin conocer las reglas del juego. Una planificación adecuada permite reducir incertidumbres y, sobre todo, tomar decisiones empresariales con mayor seguridad. 

 

“El problema no siempre es que no haya ayudas. A veces es que llegamos tarde.” 

Una empresa puede tener previsto comprar maquinaria, ampliar sus instalaciones, incorporar personal, desarrollar un nuevo producto, digitalizar procesos o realizar una inversión relacionada con innovación o sostenibilidad. 

Si primero se realiza la inversión y después se busca financiación, puede ocurrir que la oportunidad ya se haya perdido. Por eso, una de las claves está en anticiparse. La financiación pública debería formar parte de la planificación de la empresa y no aparecer únicamente cuando se publica una convocatoria. 

Y no todo son subvenciones. Cuando hablamos de financiación pública, muchas empresas piensan automáticamente en subvenciones. Sin embargo, el abanico es mucho más amplio. Dependiendo de las características y objetivos de cada empresa, pueden existir oportunidades relacionadas con licitaciones públicas, patrocinios, incentivos y deducciones fiscales, programas de financiación o ayudas vinculadas a inversión, innovación, digitalización, sostenibilidad o creación de empleo. 

Por eso, quizá la pregunta que debería hacerse una empresa no sea “¿qué subvenciones hay ahora mismo?” sino “¿qué quiere conseguir mi empresa y qué instrumentos de financiación pública pueden ayudarme a conseguirlo?”. 

Esa diferencia puede parecer pequeña, pero cambia completamente la manera de abordar la financiación pública, de buscar ayudas a construir oportunidades. 

 

Desde ALDA entendemos la financiación pública como una herramienta al servicio de la estrategia empresarial. Nuestro trabajo comienza mucho antes de una solicitud: escuchamos, analizamos, identificamos oportunidades y acompañamos a la empresa durante el proceso, buscando que cada instrumento de financiación tenga sentido dentro de sus objetivos. Porque no se trata de solicitar todas las ayudas posibles. Se trata de encontrar las oportunidades adecuadas para cada empresa, en el momento adecuado y con la planificación adecuada. 

Y quizá esa sea la pregunta que merece la pena hacerse: 

Si tu empresa tiene previsto crecer, invertir o desarrollar nuevos proyectos, ¿estás seguro de que estás aprovechando todas las posibilidades de financiación pública que tienes a tu alcance? Porque muchas oportunidades no se pierden por falta de proyectos, sino por no haberlas conocido a tiempo ni preparado con estrategia. 

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