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Antes de empezar a preparar una licitación, conviene hacer un análisis preliminar para saber si realmente merece la pena invertir tiempo y recursos en ella. 

No todas las oportunidades encajan con todas las empresas y presentarse a una licitación supone un esfuerzo. Por eso, lo primero debería ser analizar si existe un encaje real. 

El primer aspecto que hay que revisar es el objeto del contrato y el alcance del servicio. Es importante entender exactamente qué se pide y comprobar que la actividad está relacionada con lo que hace nuestra empresa y con nuestra experiencia. 

Después debemos comprobar si cumplimos los requisitos mínimos para participar. Aquí entran cuestiones como la solvencia económica, la experiencia previa exigida, los perfiles profesionales necesarios o cualquier otro requisito obligatorio. Si no podemos cumplirlos o acreditarlos, no tendría sentido seguir avanzando. 

El siguiente paso es analizar los recursos necesarios para ejecutar el contrato. Hay que valorar si disponemos del equipo suficiente, del tiempo, de los medios técnicos o incluso de los proveedores que podamos necesitar. 

También es fundamental hacer una primera revisión económica. No debemos fijarnos únicamente en el presupuesto de la licitación, sino en los costes reales que supondrá ejecutar el servicio. Personal, desplazamientos, materiales, herramientas o colaboraciones externas pueden afectar directamente a la rentabilidad del contrato. 

Por último, conviene revisar los criterios de valoración. Esto nos permite tener una primera idea de si nuestra empresa puede ser competitiva. Por ejemplo, si gran parte de la puntuación depende de aspectos que no podemos ofrecer, quizá esa licitación no sea la mejor oportunidad para nosotros. 

Con toda esta información podemos tomar una decisión mucho más clara: presentarnos, buscar una fórmula de colaboración o descartar la oportunidad. 

Porque en contratación pública no se trata de presentarse a todo. Se trata de seleccionar aquellas oportunidades en las que existe un buen encaje, contamos con capacidad suficiente para ejecutar el contrato y tenemos posibilidades reales de competir. 

Y solo después de realizar este análisis y decidir que merece la pena presentarse, comienza la siguiente fase: preparar la oferta. 

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